miércoles, 7 de marzo de 2012

A LOS QUE TOCAN LA CAMPANA


Desde pequeño estoy en el mundo cofrade malagueño principalmente y desde siempre hasta que se jubiló, vi a mi tío Agustín dirigiendo a la Virgen de la Paz, desde cuando salía del Santuario de la Victoria, allí primero y después en la Capilla de la Casa de Hermandad de la Cena en la Explanada de la Estación, Domingo de Ramos tras Domingo de Ramos. Igual me pasó con Carlos Gómez Raggio con su Esperanza y otros muchos, pero eso si, siempre escoltados por un buen equipo de Capataces que con voz ronca mantenían y dirigían con sabiduría la andadura y caminar de nuestros tronos, la mayoría de las veces a golpe de tambor o “a la carrerilla”.

No era raro, observar como al ver hundirse un trono, esos capataces sacaban un varal entero y lo rotaban con el contrario y viceversa; o como para poder llegar hasta el final, caso de la Cena, el trono del Cristo lo paraban en el Jardín de los Monos y una vez en paralelo con la Virgen, terminaban juntos el recorrido para de esa manera picar a unos y otros, llegando a un final feliz y mil ideas más.
En los años 70, cuando la juventud malagueña irrumpió en los varales, comenzó una nueva etapa y a medida que esos mayordomos vitalicios se fueron apartando de las campanas y los capataces profesionales comenzaron a ser desplazados de las hermandades, surgieron nuevas tendencias y se fueron situando delante de las campanas de nuestros tronos, nuevos mayordomos procedentes de las nuevas juntas de gobierno o simplemente amigos de ellos que han hecho de ir perdiendo sin duda solera y la mayoría de las veces incluso a crear una nueva versión del mayordomo simple “tocacampana”, pegado y cogido a los varales y a no perder de vista la campana, sin ver más allá.

Ahora, hay otro nuevo intento, los tiempos del tambor de cola quedaron atrás, casi todas nuestras HH y CC llevan unos muy buenos acompañamientos musicales, se alternan Bandas de CC Y TT con Agrupaciones en nuestros Cristos y Bandas de Música en nuestras Vírgenes y lógicamente se abre una nueva puerta, sobre todo para muchos que comprenden que no es lo mismo marcar el paso a redoble de tambor, que con una marcha, que si le pones oído y sentimiento te pide algo más y no es que con eso copiemos nada de otros sitios, sobre todo Sevilla, pues el caminar de un Paso Sevillano, nunca será igual al del Trono Malagueño, si no que si nos acompasamos con la música, podemos lograr una plasticidad única, al tiempo que elevará un grado más el esfuerzo de tantos y tantos portadores.

¿Y vosotros diréis, que quiere decir este a estas alturas?, pues simplemente que hay que avanzar, que lo que empieza a hacerse hoy en día puede ser un encanto más de nuestra actual Semana Santa, por lo que es una gran responsabilidad y reto lo que se nos pone por delante, ser un buen mayordomo que tenga voz y mando, que tenga oído musical, que sepa hacer una buena Cruceta Musical, adaptando cada tramo del recorrido, sabiendo aliviar y fortalecer los hombros y los ánimos en cada momento y por supuesto arropado por un buen equipo de capataces, que sepan en cada momento con un gesto o una señal que es lo que pasa y lo que tienen que hacer. Incluso, a ensayar las marchas antes de salir el día marcado, que no sería malo intentarlo, al tiempo que de esa forma se unirían, se conocerían y se hermanarían todos de cara a hacer una Gran Estación de Penitencia.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Tiene Usted Torrijas?

Van por mí muchos tiempos de Cuaresmas pasados, desde aquellos de mi niñez, cuando las Iglesias tenían todos los altares e imágenes tapados por cortinajes morados, las cruces y crucificados envueltos en las mismas telas y en mi colegio agustino, suspendíamos las clases y en jornadas de mañana y tarde nos encerrábamos en la Iglesia de San Agustín y trataban de reformar nuestras infantiles o juveniles almas, dándonos un sentido más espiritual, para que huyéramos de todas las tentaciones de lo diario y cotidiano. Y por más que se empeñasen, pasados esos días, todo volvía a la normalidad. Incluso el pobre Pedrito, que año tras año se pudría en el infierno por aquel único pecado, que en el momento de su muerte cometió, y que cuando lo oíamos, nos hacía presagiar que ya estábamos cerca del final de los ejercicios.
Por estas fechas, también era muy normal, en nuestro transcurrir de la casa al colegio, encontrarnos con los tinglaos, concretamente y el más inmediato el que se ubicaba en la Plaza de la Constitución, por aquel entonces Plaza de José Antonio, allí se ponía el de la Cofradía de los Estudiantes, señal inequívoca que la Semana Santa estaba próxima, así como las vacaciones.
Las tribunas comenzaban sus montajes, los escaparates se llenaban de guantes, mantillas, cíngulos, al tiempo que en un ir y venir constante, íbamos entrando a los distintos comercios del Centro pidiendo los Itinerarios Procesionales, los cuales los intercambiábamos entre nuestros amigos para aumentar nuestras particulares colecciones.
“Esta tarde voy a mi cofradía a por la ropa”; “Pues mi hermandad estrena un estandarte”; “Este año mi hermano el mayor va con vela”; y durante muchos días, discurría la Cuaresma y nuestros sueños semanasanteros, entre frases ilusionantes,  tensas esperas y sueños de un sentir que repetíamos año tras año.
Era muy normal, ver a las familias tras salir de misa, ir a Anglada, La Española, La Imperial, a las confiterías malagueñas de aquel tiempo y salir satisfechas con esos paquetitos muy bien envueltos y con esas cuerdas que encerraban aquellas torrijas para la merienda. En esos mismos establecimientos, en sus escaparates, cientos de nazarenos de cartón y tela o de caramelos, esperaban mirándonos fijamente, a que nuestros padres o abuelos quisieran obsequiarnos con uno de ellos, eso si, si nos habíamos portado bien.
La verdad que eran tiempos muy distintos, eran otras edades y había otros problemas, pero vivíamos esos momentos de otra forma más sentida.
Ayer, después del tiempo maravilloso que nos ofreció el segundo domingo de cuaresma, salí a dar una vuelta para estirar las piernas, vi los primeros brotes de azahar y me pareció que era Domingo de Ramos, de repente sentí nostalgia de aquellos años pasados, pasé por mi parroquia, estaba solitaria, vacía, bueno estaba Jesús Sacramentado, pero solo y los altares no estaban tapados, tan solo me recordaba el tiempo de cuaresma una humilde cruz, con un sudario morado y en su base unos signos pasionales. Tras departir un instante con Jesús, decidí ir a buscar algo más que me acercara a la cuaresma en la que estamos inmersos, unas torrijas.

Total desolación, “¿Tiene usted Torrijas?”, pregunté en una pastelería céntrica, “¿Torrijas?, No, todavía no es el tiempo!”, me respondió una joven. Así me recorrí medio pueblo, hasta que al final de la tarde mi hijo hizo de samaritano y encontró torrijas. Pero estando con doce días de cuaresma andados de 2012, ni torrijas, ni nazarenos, ni nada de nada, parece que estamos preparando la Feria de Octubre o mejor aun ,el cambio Politico que día, tras día nos recuerdan que estamos en crisis, que hemos sido muy malos y que estamos condenados a seguir penando como el pobre Pedrito.
En resumen, he pasado cincuenta años desde aquellos ejercicios espirituales cuaresmales, en los que se nos asustaba que si éramos malos íbamos a ir de cabeza al infierno, y ahora no tenemos ejercicios espirituales, pero nos siguen castigando con crisis y que tenemos que cambiar, pero eso sin Sin Torrijas.